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Reseñas, información para Restaurante Alameda

Dirección: Minasoroeta Kalea, 1, 20280 Hondarribia, Gipuzkoa, España
Teléfono: 943 64 27 89
Estado: Euskadi
Condado: Gipuzkoa
Ciudad: Hondarribia
Ruta: Minasoroeta Kalea
Número de calle: 1
Código postal: 20280


Horas laborales

lunes: Cerrado
martes: 13:00–15:30
miércoles: 13:00–15:30, 20:00–23:00
jueves: 13:00–15:30, 20:00–23:00
viernes: 13:00–15:30, 20:00–23:00
sábado: 13:00–15:30, 20:00–23:00
domingo: 13:00–15:30

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Reseñas
Una experiencia gastronómica maravillosa. Fui a probar el menú degustación Gartzinea y puedo decir que estaba todo buenísimo. Además de la degustación culinaria en sí, destaco lo divertido que resulta probar platos distintos en cada pase, con elaboraciones variadas y muy cuidadas. Tiene un gran mérito que todo se elabore con producto local, y se nota el mimo con el que los camareros explican cada plato y el excelente asesoramiento del sumiller.nnEn definitiva, una experiencia totalmente recomendable.
Un buen restaurante para probar comida vasca de calidad y de temporada en un entorno bonito de Hondarribia. Puedes escoger si comer de carta, o entre los dos menús degustación que proponen. He comido tanto de carta como de menú, y nunca ha decepcionado, pero esta vez comimos de carta.nProbamos de primeros: sopa de pescado, potaje, arroz de pichón y hongos. Todo rico, pero sobre todo los dos últimos.nDe segundo: pichón, lubina y corzo. Sin duda, los dos primeros mejores, dado que al corzo la salsa de manzana y reducción le mataba el sabor, mientras que la lubina era a la parrilla con todo ese saborazo.nDe postre hay que probar la tarta de queso azul, muy rica! Y probamos la tartaleta de otoño que tenia buenos higos.nEl servicio muy atento! Un sitio muy recomendable que no falla.
El Bar Alameda es una excelente opción para quienes buscan disfrutar de la cocina vasca de calidad de forma más informal. Su carta de pintxos y raciones cuenta con platos elaborados al momento, siempre con ingredientes de temporada y muy buen cuidado en la presentación. Algunas opciones destacadas: txipirones fritos, talo de bonito con encurtidos, patatas rústicas con chipotle y ali-oli, o una selección de aceitunas aliñadas. nnEl ambiente en el bar es cálido, relajado y muy acogedor. Es ideal para encuentros con amigos o una comida ligera sin formalidades. No se puede reservar aquí, lo que aporta espontaneidad: llegas cuando te apetece, tomas algo agradable, charlas, disfrutas del entorno. Además, tienen una buena carta de vinos por copas, lo que acompaña muy bien las raciones. nnEn definitiva, el Bar Alameda es ese lugar perfecto para probar lo justo, sabroso, con producto local, sin complicaciones, pero con gran nivel. Un sitio al que volveremos sin duda.
Hay restaurantes que simplemente sirven comida, y hay restaurantes que cuentan una historia. La Alameda, con su estrella Michelin bien ganada y su ubicación privilegiada en Hondarribia, pertenece claramente a la segunda categoría. El menú degustación que proponen es un viaje geográfico y emocional por el territorio que los rodea: desde la montaña hasta el mar, siguiendo el curso del río Bidasoa.nLa velada arrancó con una selección de snacks que ya marcaron el tono de lo que estaba por venir: un bocado con foie y lukainka sobre base esponjosa, y una delicada esfera de mousse que se deshacía en el paladar. Sencillos en apariencia, complejos en ejecución.nEl paso de la sardina sobre piedra de mármol negro fue uno de los momentos más cinematográficos de la noche. Un solo lomo, plateado e inmaculado, sobre una lágrima de aceite verde. Minimalismo total, sabor máximo. Y el mejillón en crema de coliflor con puntos de aceite de hierbas completó ese homenaje al mar cercano con una delicadeza casi japonesa.nLa mantequilla artesanal servida con pan de masa madre de corteza recia y miga abierta puede parecer un detalle menor, pero aquí funciona como declaración de principios: nada es accidental.nEl puerro asado con salsa amarilla y crumble fue quizás el plato más sorprendente de la noche. Un vegetal humilde, transformado en protagonista absoluto gracias a la cocción perfecta y una salsa que recordaba a una beurre blanc con matices ahumados. La menestra con trufa negra laminada confirmó que en la Alameda el mundo vegetal merece el mismo respeto que cualquier proteína noble.nEl pimiento y pato llegó como un bocado intenso e irreverente: un pimiento del piquillo confitado relleno de pato sobre salsa verde, concentrado y casi salvaje en su carácter. Una contundencia que preparó el camino para el pescado del día -una pieza de merluza de piel crujiente, perfectamente trabajada- con ajetes y una emulsión de guisantes que limpiaba el paladar.nEl pichón fue el punto culminante de los salados. Cocinado con precisión quirúrgica, rosado hasta el hueso, bañado en un jugo oscuro y brillante que hablaba de horas de trabajo. De esos platos que se quedan grabados.nLos postres estuvieron a la altura. La fruta de temporada con sorbete, crema y flores comestibles resultó refrescante y elegante tras la intensidad del pichón. Y el chocolate -sorbete de cacao sobre base crujiente, decorado con una hoja de chocolate negro- cerró el círculo con carácter y técnica. Los txiki goxuak petit fours pusieron el punto final con generosidad y cariño.nEn resumen: La Alameda es un restaurante que se toma en serio su territorio sin caer en el localismo fácil. La cocina de Gorka Txapartegi dialoga con el entorno de forma inteligente, con una técnica sólida que nunca aplasta el producto. El servicio es cálido y profesional, y el espacio -con esa carta desplegable en forma de mapa- refuerza la narrativa del menú desde el primer momento. Una estrella Michelin que resulta, si acaso, conservadora.nMuy recomendable para: quienes buscan alta cocina vasca con personalidad propia, sin artificios innecesarios.
En una escapada por la zona reservé en este restaurante y me ha sorprendido gratamente. Probé el menú degustaciónnHondarribia y fue un gran acierto, a destacar los pescados, se nota mucho el calidad de los productos y la dedicación delicada en cada plato. Todo muy bien explicado y la atención un 10. Sin duda un lugar para repetir.
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